Nuestros Viñedos

El Origen de la Excelencia

Explorar
Cuidado Especial

El Vínculo Íntimo

Carmelo Rodero conoce con absoluta precisión cada rincón de sus 170 hectáreas de viñedo. No es solo una cuestión de extensión, sino de un vínculo profundo que se cultiva vendimia tras vendimia.

Estas parcelas, distribuidas en distintos pagos, permiten aprovechar la diversidad de suelos y microclimas, lo que se traduce en una mayor riqueza y complejidad en el carácter de sus vinos. La media de edad del viñedo ronda los 30 años, combinando cepas jóvenes con otras que superan con holgura el siglo de vida, portadoras de una historia viva que se refleja en cada cosecha.

Viñedos de Carmelo Rodero
Un viñedo es orden, simetría y equilibrio. No importa la época, siempre hay belleza en el campo.
— Bodegas Rodero
Terroir & Diversidad

La Complejidad del Suelo

Nuestras “perlas negras” crecen en parcelas muy diferentes entre sí, cosechando una diversidad única.

Suelo Arcillo-Calcáreo

Arcillo-Calcáreo

Producciones contenidas donde la planta presenta un equilibrio y balance natural.

Suelo Pedregoso

Pedregoso

Se caracterizan por favorecer al drenaje, eliminando con eficacia el exceso de agua.

Suelo Arcilloso

Arcilloso

Retención óptima de agua y nutrientes, debido a la permeabilidad de la arcilla.

Clima & Terruño

La Danza de las Estaciones

Bodegas Rodero bajo la nieve en la Ribera del Duero
170 Hectáreas de Viñedo
450mm Lluvias Anuales
13°C Temperatura Media

En esta zona privilegiada de la Ribera del Duero, el clima es una danza constante entre la influencia atlántica y continental: veranos secos, inviernos prolongados y rigurosos, junto a marcadas oscilaciones térmicas que favorecen una maduración pausada y equilibrada.

El frío extremo del invierno cubre de blanco la arquitectura de nuestra bodega y sus cepas latentes. Esta rigurosidad climática, lejos de ser hostil, es un pilar fundamental en nuestro terruño: detiene con sabiduría el ciclo de la vid, sanea la madera de forma natural y concentra las reservas necesarias en el corazón de la planta para afrontar el nuevo ciclo.

La altitud de los viñedos aporta frescura y estructura, elementos fundamentales en la identidad de nuestros vinos. Los suelos son pobres en materia orgánica y de ligera alcalinidad; una compleja composición que guarda celosamente el secreto de la singularidad que define a cada añada. Un legado que se continúa escribiendo con tinta de uva.